Esas dos variables

ya no eran posibles a la vez

en un mismo universo

y entonces enloquecieron

UMBRA

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Nos reencontramos en la Umbra, en la sombra de la sombra que genera el cuerpo de la Luna sobre la superficie de la Tierra durante un eclipse solar. Desde allí, atizamos nuestra vulnerabilidad y honramos nuestra intuición para volverla metodología. En nuestra oscuridad germina la vida, ahí escarbamos pasajes por donde transitan saberes subterráneos que hacen eco en nuestras voces para que otras hablen a través de nosotras. 

 

En la Umbra deshacemos la estructura del tejido que nos fue entregado, hurgamos en las grietas de la montaña, rastrillamos las superficies vegetales y creamos alianzas entre tiempos y cuerpos que habitan las selvas, los bosques, los hielos y desiertos de este territorio que heredamos llamar Latinoamérica. 

 

En la Umbra componemos  tres proyectos interconectados: La laguna alada (2022), de Javiera Asenjo, una deriva tejida, la recolección de algunas memorias en la húmeda cuenca del Amazonas, para tejerlas devuelta en tierras volcánicas, y en este viaje, delinear los contornos de paisajes olvidados.

Las sopladoras (2022), de Josefina Astorga, una construcción poética y oral, acompañada de imágenes sobre otros tiempos, basadas en la figura de la montaña como eje del mundo, del sol como retorno y del soplo como fuerza transformadora, una reflexión sobre Warmi Pachakuti y la inversión de los órdenes en tiempos de cataclismos. 

Tropismo (2022) de Catalina Correa, exhibe los impulsos opuestos del desarrollo vegetal, hacia un arriba y un abajo que forman el axis vertical de lo vivo. El triángulo como símbolo primitivo de fertilidad enmarca la reconstitución especulativa de una geo-genealogía matrilineal en tránsito por paisajes líquidos. 

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Tres proyectos individuales e interconectados realizados por las artistas chilenas Javiera Asenjo, Josefina Astorga y Catalina Correa conforman UMBRA, la primera exhibición de esta colectiva, que estudia la relación con la naturaleza latinoamericana, desde la corporalidad, la oralidad, y el concepto de Warmi Pachakutik.

El inicio de UMBRA se sitúa ocho años atrás en Residencia en la Tierra (2014), una residencia artística ubicada en El Quindío, Colombia. A partir de esta experiencia y de los años de intercambio que siguieron, se da forma a un proceso de trabajo colaborativo entre las artistas que toma fuerza durante la pandemia, frente a la necesidad de reencontrarse, contenerse y repensar nuevas formas de crear, trabajar, y estar en el mundo.

En UMBRA, esas dos variables ya no eran posibles a la vez  en un mismo universo y entonces enloquecieron los procesos creativos se articulan desde una relación social y corporal con algunas prácticas culturales del territorio latinoamericano, tales como el oficio textil, el alfarero, la filosofía andina, la geografía como conocimiento encarnado, y la arqueología extractivista como herencia de los diversos sistemas de colonización que han marcado nuestra historia.